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  • Rocio Alvarez Reyna

Prohibido sufrir.

Actualizado: 4 oct 2021


Tal y como ocurre con la angustia o la tristeza, el discurso social actual nos empuja a esconder, evitar y suprimir todo lo que le genere malestar, eliminarlo con técnicas y pensamientos positivos o “vibrando alto” o siendo “valiente". El duelo tiene el mismo destino: ser evitado. Hemos perdido el derecho a sentir dolor.


Claro que no es un trabajo divertido y cómodo el de duelar, pero antes de intentar evitarlo sería importante pensar para qué sirve. Ah si, sirve y muchísimo.


¿Qué es el duelo? Freud decía que es la reacción ante la pérdida de una persona querida, de una abstracción equivalente como la patria, la libertad, un ideal, etc. O sea que podemos pensar que hay duelo no sólo cuando perdemos un objeto de amor, o una persona importante, también hay que duelar pérdidas no tangibles, y esto es novedoso para la época (hablo de la época de Freud, allá por 1915, pero bien podría aplicar a la nuestra). Es interesante pensar como también es necesario duelar la pérdida de ideas o ideales (políticos o religiosos por ejemplo) que uno sostuvo cierto tiempo y por alguna razón ahora han caído.


Entonces el trabajo del duelo sería algo así como asimilar la pérdida. La propuesta del psicoanálisis entonces a la hora de pensar el trabajo del duelo es no sólo asumir esa ausencia -la presencia de la ausencia del objeto- sino también elaborar lo que se perdió de uno mismo junto con el objeto. Por eso no abordamos el duelo de una manera estandarizada al estilo “Las 5 etapas del duelo” que es muy interesante, pero no aplicamos una manera universal de transitar el tiempo del trabajo del duelo: no hay una sola manera de duelar, si no pensemos en los casos donde se pierde un miembro de una familia, ¿acaso es posible que el resto de integrantes de la misma duelen del mismo modo, o al mismo tiempo? ¿todos pierden lo mismo al perder al ser querido?. Bueno, el psicoanálisis sostiene que no. Esto hace más compleja la tarea del analista en el sentido en que el trabajo del duelo implica una dimensión subjetiva, única, buscar qué es lo que pierde ese sujeto cuando pierde.


A propósito de esto, ayer vi el primer capítulo de una serie que se llama “El inocente” y voy a contar algo que sucede así que si no queres spoilers pasa directo al próximo párrafo. En el primer capítulo vemos como el protagonista, Mat, en una pelea bastante estúpida a la salida de una fiesta, golpea a otro chico que cae al piso y muere instantáneamente al golpearse la cabeza. Unos cuantos años después y luego de haber pagado su condena penal, ocurre lo interesante. Hay una escena donde Mat se encuentra en un museo con Sonia, la madre del chico muerto por su causa, y sentados en un banco uno al lado del otro ella empieza a llamarlo Dani, el nombre propio de su hijo. Y Mat, aunque s


e resiste y le pide que terminen con esta dinámica, responde como si fuera Dani y conversa con “su” madre. ¿Cómo podemos pensar el duelo de esta madre? No podríamos aventurarlo sin más datos que esta escena, pero si la pasamos en limpio vemos que diez años después de la muerte de su hijo la madre hace que su asesino lo reemplace por instantes. Y no solo eso, sino que no le importa en absoluto si el sustituto del objeto amado que perdió desea o no ocupar ese lugar, dejándolo cristalizado en el lugar de objeto (o sea sin posibilidad de desear nada, por eso la angustia de Mat). Este no parece ser un trabajo de duelo muy productivo ni sostenible en el tiempo sino todo lo contrario.


En 1924, un tiempo después de haber escrito su texto “Duelo y melancolía” después de la muerte de su hija Sofía, Fre


ud escribe en una carta a Ludwig Binswanger, quien acababa de perder un hijo: "Se sabe que el duelo agudo que causa una pérdida semejante hallará un final, pero que uno permanecerá inconsolable, sin hallar jamás un sustituto (...) Todo lo que tome ese lugar, aún ocupándolo enteramente, seguirá siendo siempre algo distinto". Sostener esta imposibilidad de recuperar el objeto por completo alguna vez, de llenar por completo el agujero que ha dejado un objeto amado con otro, es la coordenada para poder asumir la compleja tarea de este trabajo necesario, difícil y no sin angustia que implica el trabajo del duelo. Por eso el duelo no está muy de moda hoy en día, va a contradiscurso del “todo es posible”.



Pues no todo, no todo.



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